El diseño como coreografía.
Un mueble no cumple su función hasta que alguien lo usa. Este año, en el Salone del Mobile, decidimos llevar esa idea al límite. Si el Experimentarium era nuestro laboratorio, la pareja de danza contemporánea formada por Sandra Egido e Iván Sier fueron nuestros «investigadores» encargados de sabotear la función convencional del mobiliario para descubrir usos alternativos a través del movimiento.
Bajo esta premisa, Sandra e Iván transformaron el stand en un escenario donde cada pieza de la nueva colección dictaba un paso diferente. La actuación comenzaba rompiendo la frialdad del laboratorio con la calidez del movimiento. Su entrada solemne pilló a todos por sorpresa.


Los bailarines desafiaron la sentada convencional en Vesta, donde Sandra se dejó escurrir por sus volúmenes convirtiendo el acto de sentarse en algo fluido y puramente cinético.

Fuimos testigos de la compenetración de este dúo con un lenguaje de gestos mínimos donde Canto eran más que unos asientos, sino el marco para una conversación física. Esa calma se rompía de golpe al llegar a Mimoso, donde una voltereta inesperada sobre su acolchada superficie nos recordaba que su confort también es una invitación al juego.

La tensión subía al alcanzar la mesa Cita, que pasó de ser un objeto de comedor a un campo de batalla: un duelo coreográfico sobre su superficie que ponía a prueba la estabilidad y la resistencia de la pieza.
El momento final, cargado de simbolismo, tuvo lugar en la sala naranja. Allí, sentados en el Link, la pareja alcanzó una complicidad absoluta. Enredados como los propios eslabones, el movimiento se volvió circular e infinito, fundiendo los cuerpos con la estructura del diseño.








