Cuando la arquitectura también se siente.
Durante 3daysofdesign, Gradas se vivió, se usó, se probó, se ocupó y se compartió.
Especialmente la versión XL, que se convirtió en punto de encuentro durante toda la semana, siempre había alguien sentado, confirmando la lógica del proyecto: una forma de sentarse libre, intuitiva y eminentemente social.
También acomodados sobre Gradas tuvo lugar la charla con Ben van Berkel, que giró en torno a la tactilidad, los materiales, la arquitectura y la escala.
Cercano, amable y con un gran sentido del humor, también en su negativa a revelar algunos de los “secretos” del estudio, van Berkel compartió conversación con Esther Castaño, CEO de Sancal, y Stina Löfgren, diseñadora de UNS estrechamente implicada en el desarrollo de Gradas.
Una idea apareció de forma recurrente a lo largo de la charla: la importancia del detalle. Es precisamente ahí donde los proyectos encuentran su verdadera identidad. Son esas decisiones casi invisibles las que marcan el camino y permiten que una idea evolucione con coherencia.

Así lo puso también de manifiesto el arquitecto, al explicar cómo desde UNS llegan incluso a diseñar manivelas y desarrollar soluciones específicas adaptadas al proyecto. Hay en ello una recuperación de la figura del arquitecto clásico, que concibe la obra en su totalidad.
Esta visión integral también recupera el valor de la experiencia sensorial. En un momento en el que gran parte de nuestra relación con el diseño sucede a través de imágenes, van Berkel reivindicó la importancia de la textura, la emoción y el contacto físico con los objetos.
«Lo bonito de trabajar a pequeña escala es que puedes tocarla», expresó el arquitecto. Una idea que resume su aproximación al diseño de producto: la relación directa entre persona y objeto, entre tacto y material, que aporta una dimensión profundamente humana que la gran arquitectura no siempre puede ofrecer de una manera tan directa.



Ese pensamiento encuentra una traducción natural en GRADAS, la primera colaboración entre UNS y Sancal. Más que un sofá o una colección de asientos, Van Berkel y Löfgren la describen como un sistema espacial concebido para favorecer la interacción entre las personas.
Inspirado en las grandes escalinatas y plazas públicas, el proyecto parte de la observación de cómo las personas se relacionan en estos espacios, incluso siendo desconocidas, y cómo la propia arquitectura se convierte en un punto de encuentro. Primero surgió el banco (Grada XL) y, posteriormente, el sofá (Grada M) y el sillón (Grada S) que completan la colección, trasladando al ámbito doméstico y contract la gran escala de la pieza original.
Entre bromas y un ambiente de gran complicidad, van Berkel dejó entrever además que la colaboración con Sancal podría seguir creciendo con nuevas piezas que amplíen la familia.

Durante la conversación también quiso destacar aquello que, desde su perspectiva, hace especialmente singular a Sancal: una empresa con una clara apuesta por la calidad, con voluntad de asumir riesgos y de explorar caminos poco convencionales en el diseño. Mencionó especialmente el uso del color como una de las señas de identidad más reconocibles de la firma española, un elemento que trasciende lo decorativo para convertirse en parte esencial de su lenguaje.
El encuentro contó también con la participación de Byborre, cuyos tejidos tridimensionales aportan una dimensión adicional al concepto de tactilidad que atravesó toda la conversación. Precisamente, junto a UNS han desarrollado nuevas propuestas textiles que refuerzan la estrecha relación entre espacio, materia y experiencia sensorial.

La conversación dejó una reflexión que atraviesa todo el trabajo del estudio desde un punto de vista holístico: la arquitectura no termina en un edificio y el diseño de producto no parte de un objeto aislado. Todo forma parte de un mismo ecosistema donde materiales, color, textura, escala y detalle se interrelacionan para construir experiencias.
Quizá por eso, en una época dominada por las pantallas y las imágenes, conviene recordar algo sencillo: los objetos están pensados para ser tocados, los espacios para ser vividos. Y cobran sentido cuando las personas entran en contacto con ellos.

